lunes, 29 de septiembre de 2008

Empirismo

La palabra empirismo proviene del término griego εμπειρισμός (textualmente, experiencia), la translación latina es experientia, de la que se deriva la palabra experiencia.

Filosóficamente el empirismo es una teoría del conocimiento, la cual enfatiza el papel de la experiencia, especialmente la percepción sensorial (o aparato perceptivo), en la formación de ideas. El concepto “empirismo” señala al conocimiento que se basa en la experiencia para validarse como tal, que significa que la experiencia es la base de todos los conocimientos. Dicho conocimiento parte del mundo sensible para formar los conceptos: lo que uno ha experimentado, lo ha experimentado (Alfred North Whitehead).

En la filosofía de la ciencia, el empirismo es una teoría del conocimiento, que enfatiza los aspectos del conocimiento científico que están cercanamente relacionados con la experiencia, o en el caso científico mediante la experimentación. Es requerimiento fundamental del método científico, que todas las hipótesis y teorías deben ser probadas mediante la observación del mundo natural, restándole importancia al raciocinio a priori, la intuición o la revelación.

(¿Cuáles son las definiciones que el texto maneja del concepto “empirismo”?)

El empirismo no sostiene que tengamos un conocimiento empírico automático. Por el contrario, según su punto de vista , para que cualquier conocimiento sea deducido, tiene que obtenerse de percepciones basadas en la experiencia.

El empirismo filosófico ha contrastado con la escuela filosófica conocida como racionalismo, que opina que el conocimiento se obtiene mediante la razón, independientemente de los sentidos o la experiencia. De todos modos, actualmente esta diferencia de opiniones es tomada como una exageración de los temas filosóficos envueltos en la controversia; puesto que los máximos racionalistas (Descartes, Spinoza y Leibniz) fueron partidarios del método científico empírico de su época. Al igual que Locke, que alegó que ciertos conocimientos (el conocimiento de la existencia de Dios) pueden ser hallados mediante la intuición y el razonamiento.

(¿Cuáles son las diferencias entre el empirismo y el racionalismo?)

Entre algunos de los más influyentes filósofos que estuvieron asociados con el empirismo se citan a Aristóteles, Tomás de Aquino, Francis Bacon, Thomas Hobbes, John Locke, George Berkeley, David Hume y John Stuart Mill.

David Hume

David Hume (Edimburgo, 7 de mayo de 1711 - 25 de agosto de 1776) fue un filósofo, economista e historiador escocés y constituye una de las figuras más importantes de la filosofía occidental y de la ilustración escocesa.

Hume estuvo fuertemente influido por los empiristas John Locke y George Berkeley, así como por varios escritores franceses como Pierre Bayle, y algunas figuras del panorama intelectual anglófono como Isaac Newton, Samuel Clarke, Francis Hutcheson y Joseph Butler.

En su obra más importante y conocida, Investigación sobre el entendimiento humano, Hume articuló la tesis de que todo el razonamiento humano pertenece a dos clases:

1) Relaciones de ideas y
2) Hechos.

Mientras que las primeras involucran conceptos abstractos como las matemáticas y están gobernadas por las certezas deductivas, los segundos comportan la experiencia empírica donde todos los razonamientos son inductivos. Dado que de acuerdo con Hume no podemos conocer nada de la naturaleza con anterioridad a la experimentación, incluso un hombre racional sin experiencia «no podría haber inferido de la transparencia y la fluidez del agua que sofocaría su sed, o a partir de la luz y el calor del fuego que le consumiría».

Así que todo lo que podemos decir, pensar o predecir de la naturaleza debe venir de la experiencia previa, lo que lleva a la necesidad de la inducción.

(De acuerdo con Hume, el razonamiento humano es de dos tipos ¿Cuáles son y cómo lo explican?)

La inferencia inductiva presupone que se puede confiar en los actos pasados como regla a partir de la que se puede predecir el futuro. Por ejemplo, si en el pasado ha llovido el 60% del tiempo cuando se dan unas condiciones atmosféricas determinadas, entonces en el futuro probablemente lloverá un 60% del tiempo si se dan las mismas condiciones. Pero aún queda el problema de cómo justificar tal inferencia, conocida como el principio de inducción. Hume sugirió dos posibles justificaciones, que sin embargo rechazó:

La primera justificación descansa en la suposición, tomada como una necesidad lógica, de que el futuro debe de parecerse al pasado. Pero Hume puntualiza que podemos concebir un mundo caótico y errante en el que el futuro no tiene nada que ver con el pasado – o un mundo como el nuestro hasta el presente, que llegado a un punto cambia totalmente. Así que nada hace que el principio de inducción sea una necesidad lógica.

La segunda justificación, más modesta, apela a los éxitos anteriores de la inducción – en el pasado ha funcionado en la mayoría de las ocasiones, así que probablemente seguirá haciéndolo en el futuro. Pero, como Hume comenta, esta justificación hace uso del razonamiento circular en un intento de justificar la inducción mediante la reiteración, lo que nos devuelve al punto de partida.

(¿Qué es la inferencia inductiva y cómo la justifica Hume? Aunque las rechaza)

El notable filósofo del siglo XX Bertrand Russell, confirmó y elaboró el análisis de Hume del problema en su trabajo Los problemas de la filosofía, capítulo 6.

A pesar de la crítica de Hume a la inducción, sostuvo que era superior a la deducción en el reino del pensamiento empírico. Tal y como declara: «esta operación de la mente, por la que podemos inferir los efectos de las causas y viceversa, es esencial para la subsistencia de todas las criaturas humanas, es probable que pueda confiarse más en ella que en las falacias de la deducción de nuestra razón, que es lenta en sus operaciones; no aparece en los primeros años de la infancia; y como mucho es, en cualquier edad y periodo de la vida humana, extremadamente proclive al error».

(¿Por qué razón dice Hume que la inducción es superior a la deducción?)

¿Quién o qué soy?

¿Mi ser “yo mismo” es el mismo siempre? Tal pregunta pareciera no implicar mayores problemas, pero para Hume hay algo que complica su respuesta, la cual presupone una teoría del yo.

Tendemos a pensar que somos la misma persona que hace cinco años, aunque hemos cambiado en muchos aspectos. Podríamos empezar a pensar qué características han cambiado sin que cambie el yo. Hume, sin embargo, niega que haya una distinción entre las diferentes características de una persona y el misterioso yo que supuestamente las lleva puestas. Después de todo, como puntualizó Hume, cuando se experimenta con la introspección, se descubren pensamientos, sentimientos y percepciones, pero nunca se percibe ninguna sustancia que se pueda llamar “el yo”. Así que Hume llega a la conclusión de que no hay nada que se pueda llamar yo, aparte de una gran y efímera colección de percepciones.

Si las ideas estuvieran sueltas e inconexas sólo el azar podría unirlas, y es imposible que las mismas ideas formaran regularmente otras más complejas (cosa que hacen habitualmente) sin una cierta unión entre ellas, alguna cualidad asociativa por la cual una idea introduce naturalmente otra.

(¿Por qué para Hume no hay nada que se pueda llamar “el yo”?)

Está claro que en el transcurso del pensamiento y en la constante revolución de nuestras ideas, nuestra imaginación salta fácilmente de una idea a otra que se le parece, y que esta sola cualidad es un enlace suficiente para la imaginación. Resulta también evidente que los sentidos, al cambiar sus objetos, necesitan cambiarlos regularmente, y tomarlos como si estuvieran contiguos unos a los otros, la imaginación debe de acostumbrarse a adquirir el mismo método de pensamiento, y saltar por las partes del espacio y el tiempo al concebirlas como sus objetos.

La aproximación de Hume a los problemas morales es fundamentalmente empírica. En lugar de decir cómo debería de operar la moral, expone cómo realizamos los juicios morales. Tras proporcionar varios ejemplos llega a la conclusión de que la mayoría (si no todas) de las conductas que aprobamos lo hacemos para incrementar la utilidad pública. Sin embargo, al contrario que el también empirista Thomas Hobbes, Hume declara que no sólo realizamos juicios morales teniendo en cuenta nuestro propio interés, sino también el de nuestros conciudadanos. Hume defiende esta teoría de la moral al asegurar que nunca podemos realizar juicios morales basándonos únicamente en la razón. Nuestra razón trata con hechos y extrae conclusiones a partir de ellos, pero no nos puede llevar a elegir una opción sobre otra; sólo los sentimientos pueden hacerlo. Este argumento contra la moral fundamentada en la razón forma parte hoy en día de los argumentos anti realistas.

(¿Cómo describe Hume que se realizan los juicios morales?)

Por tanto, Hume niega la existencia de una "razón práctica" y la posibilidad de una fundamentación racional de la ética. El objeto de la moral (pasiones, voliciones y acciones) no es susceptible de ese acuerdo o desacuerdo entre las ideas sobre las que se basan lo verdadero y lo falso. Si la razón no puede ser la fuente del juicio de valor, habrá que buscarlo en el sentimiento, que surge espontáneo en nosotros ante acciones susceptibles de lo que consideramos valoración moral.

El análisis de este sentimiento revela que es una forma de placer o de "gusto". Ello le lleva a excluir de la moral todo rastro de austero moralismo o de mortificación del alma o del cuerpo, porque el fin de la moral es la felicidad y el gozo de vivir del mayor número de hombres posible.

(¿Qué papel le asigna Hume a los sentimientos en los juicios de valor?)


Con información de :
http://es.wikipedia.org/wiki/Empirismo
http://es.wikipedia.org/wiki/David_Hume